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jueves, 14 de enero de 2010

A cagar en Navidad


Primero pido disculpas si el título de esta entrega ofende la sensibilidad de mis amigos latinoamericanos. En realidad podría ofender a todos los que no sean españoles.
Pero les pido paciencia, se explicará en el desarrollo del blog.
Uno de los shocks más difíciles de asimilar de esta aventura española- digo catalana-, ha sido lo escatológico de la cultura. Me explico. Aqui todo el mundo se caga en todo. Lo que nosotros pudorosamente llamamos el trasero (el derriére si eres muy fino), las nalgas (menos fino) o algún otro eufemismo, aquí es el culo sin ningún pudor (o el cul en catalán). Así que escuchar a Manuel hablar del culo es algo a lo que todavía no logro acostumbrarme (y lo hace MUY a menudo).
Pero volvamos a la navidad.
Empecemos por el pesebre o el belén o el nacimiento. Cualquier pesebre que se precie tiene que tener un "caganer", que no es otro que el cagón, un personaje (que puede ser una figura pública) que está en cuclillas cagando… si, en el pesebre. Significa eso que se cagan en el Niño Jesús? Hasta a mí, que soy medio atea, me parece escandaloso. La explicación es que es un símbolo de prosperidad… Pero la cosa no termina ahí, también está el que mea. Y por supuesto, la meada no es discreta, el chorrito de pipi describe un arco olímpico…
Pero si es que hasta el grupo musical Estopa (famoso aqui en Catalunya, no sé hasta donde llega su fama en el resto de España y el mundo) pegó una cancioncita que se convirtió en el hit navideño y cuyo coro decía (otra traducción libre):

En un pesebre tiene que haber el niño Jesús y San José (...)
pero sobre todo tiene que haber un caganer...

Luego, en navidad los regalos no los trae el Niño Jesús como era en mi casa cuando era pequeña o Santa Claus/Papá Noel como es ahora sino un ser de la naturaleza encarnado en un tronco con una carita pintada en uno de los extremos y que llaman "el tió". Pues el tió caga los regalos. Si, como suena, los caga. Toménse un rato y asimílenlo. Sobre todo, cuando lean lo siguiente, los niños le dan palazos al tronco mientras cantan una cancioncita que dice (En versión corta y traducción libre del catalán):

Caga, tió
Avellanas y turrón
Si no cagas, tió
Te daré un golpe de bastón

Nosotros vivimos nuestra primera cagada de tió en la guardería de Jorge, donde el tió le trajo una pelota a Jorge y a nosotros, un calendario del 2010 con una foto de Jorge preciosa. Pero además, el tió le trajo una caja grandísima llena de instrumentos musicales al salón de Jorge.
El tió llega a las casas catalanas (y a los colegios y a todas partes donde haya una pequeña comunidad) el 8 de diciembre (día de la Inmaculada Concepción, alguien dijo algo de sincretismo?). Y a partir de ese día se le cuida, arropándolo con una manta y dándole de comer. Mientras mejor alimentado está el tió, mejor caga. Una lógica imbatible, no?

En mi vida hubiera pensado que una de mis ocupaciones como madre era enviar al colegio alimentos para un pedazo de tronco con una carita dibujada con marcador! Bueno, no tanto como alimentos. Según dijo la maestra de Jorge "cualquier cosa para alimentar el tió". Nosotros mandamos un chocolate y Jorge recogió hojas secas por el camino y todo junto fue a parar al plato del tió. Y un día me dijo la maestra toda orgullosa que ese día Jorge había alimentado al tió. Yo no supe cómo interpretar eso y sonreí como uno sonríe cuando no entiende nada de lo que le dicen y le da pena admitirlo.
Es obvio que el tió viene de un pasado rural, donde el tronco era la fuente de calor de una casa. Era diferente en cada casa, porque cada uno agarraba el tronco que quería y le pintaba la cara que quisiera. Hoy en día los venden todos iguales.
Investigando en internet encontré una página que dice que cuando el tió termina de cagar (cuando ya ha sido azotado lo suficiente supongo) caga un arenque salado, un ajo, una cebolla o se mea en el suelo. Toda una joyita, el tió…
En teoría, el tió sólo caga cosas pequeñas, porque los regalos grandes los traen los Reyes Magos el 6 de enero.
Pero encima de eso, también aparece el Papá Noel trayendo regalos el 24 de diciembre, porque por muy catalanes que sean, la influencia gringa no se deja de sentir.
Ahora pueden imaginarse la de complicaciones que hemos tenido nosotros para congeniar al Niño Jesús (que es la tradición que sentimos como nuestra y que era el que había traido los regalos de navidad en nuestra casa hasta ahora), con el tió, con Papá Noel y con los Reyes Magos.
Manuel todavía no las tiene todas consigo. No entiende porqué a otros niños, les trajo regalos el tió y papá noel y a él sólo le trajo unas chucherías el tió. La verdad es que nosotros no queremos llenarlos de regalos. Basicamente no podemos llenarlos de regalos a los 3 pero tampoco nos parece lo correcto. No es la forma en que queremos educar a nuestros hijos. Asi que decidimos optar por los Reyes como los traedores de regalos porque todos los niños estarán recibiendo regalos ese día.
Y para Manuel, el Niño Jesús y Papá Noel delegaron en los Reyes los regalos que venían para España.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Mi vida en cajas

Me vine una semana a Venezuela a descansar. Sin hijos y sin esposo. Mi esposo casi que me obligó a venir, porque me sentía culpable por dejarlo solo con los tres niños. ¿Cómo iba a hacer para hacer el programa de radio y seguir su entrenamiento? Me sentía como una madre desnaturalizada porque yo sí que me quería venir. Sabía que iba a extrañar a mis hijos, pero necesitaba extrañar a mis hijos.

Después de tres meses de vacaciones de verano, en las que Jose se fue de viaje en dos ocasiones por casi una semana cada vez, estaba lista para desconectarme. Soñaba con poder dormir hasta la hora que quisiera sin tener a un enano gritándome en la pata de la oreja "maaamiiiii!!! ya es de día! hora de levantarse!" o poder dormir toda la noche sin levantarme a punta de llantos a las 3 de la mañana. También quería pasar tiempo con mi abuela sin tener que correr detrás de un niño inquieto, ir al cine sin preocuparme de lo que me iba a costar la niñera, conversar horas con mi hermana sin interrupciones por la hediondeza de un pañal, ir a la playa y poder leer un buen libro, etc., etc.

Bueno, casi todo ha sido asi. Lo de dormir hasta la hora que quisiera, o sea, después de las 7am, no ha pasado, simplemente porque mi cuerpo no se dio por enterado. A las 6:30am abro el ojo todos los días. Eso si, nadie me quita el placer de remolonear en la cama o de agarrar un libro y leer hasta que el hambre me obligue a bajar a desayunar.

Entre las cosas que decidí hacer en este viaje de ocio, estuvo ponerme a revisar unas cajas que tienen años en casa de mi hermana con cosas nuestras. Por una razón o por otra, parte de nuestras mudanzas han terminado en esta casa. Y siempre hemos tenido el sentimiento de culpa de estar abusando de mi hermana por tenerle la casa inundada de cajas. Así que las saqué de donde las tenía guardadas, me tomé un antialérgico, me puse un tapabocas y me enfrasqué en la revisión de las cajas.

La verdad es que no me había dado cuenta de la verdadera dimensión de lo que iba a hacer. Las cajas se convirtieron en una máquina del tiempo. Revisar la primera me tomó casi dos horas. Fueron dos horas sentada en el piso leyendo carta tras carta, diario tras diario, viendo fotos de viajes. Desde que abrí la primera, me transporté diez años atrás, incluso más, porque había fotos y papeles de mi infancia. Resulta que las cajas no eran sólo de mis mudanzas, eran mi cuarto de niña y adolescente vaciado en paredes de cartón.

Mi intención inicial era deshacerme de aquellas cosas que por el tiempo hubieran perdido su importancia o su valor decorativo. Pero me encontré con todo lo contrario, con cosas que no tenían mucha importancia pero tenían toneladas de valor sentimental. No podía botar nada. No quería botar nada.

Entonces me enfrenté a cajas con libros. Pensaba que eso iba a ser lo más fácil de resolver. Si no hemos tenido estos libros durante años, es porque no los hemos necesitado, pensaba. Los donaré al Banco del Libro. Deshacerme de los libros era la manera más fácil de reducir el lote de cajas. Había porlo menos cinco cajas grandes de libros. Pero ahi también estaba equivocada. La mayoría de los libros tenían una historia detrás o seguían siendo interesantes para mi. Otros estaban dedicados. Otros simplemente eran muy bonitos.

Me debatía. Los libros son parte de nuestra vida. Ambos somos comunicadores. A ambos nos gusta leer y escribir. Yo estudié producción gráfica. Yo amo los libros por lo que son, además de por lo que contienen. ¿Cómo podía deshacerme de algo que nos identificaba como personas? Ahi estaban mis colecciones de revistas, unas que produje yo, otras que leia con fervor, otras que hicieron amigos. Las novelas, los cuentos, los ensayos...

Entonces me pregunté ¿por qué no puedo tener una biblioteca donde guarde todos estos tesoros? una de esas bibliotecas de los abuelos, con libros del suelo al techo que huelen a papel y a cuero, con butacas cómodas para abandonarse en el placer de la lectura. La respuesta llegó solita... porque la vida que escogí, de gitana perpetua, no es la más adecuada para formar una biblioteca de vida.

No tiene mucho sentido mudarse cada dos o tres años, cargando con cajas de libros, además de las cajas de juguetes, ropa, cuadros, adornos, fotos, cosas de cocina, etc., etc. Por más que amemos esos libros, no los leemos. Nunca podré tener esa biblioteca, simplemente porque primero tenemos que estabilizarnos y escoger un lugar del mundo como hogar permanente. Y aunque yo quisiera creer que Barcelona es ese lugar, aun no lo puedo asegurar.

Asi fue que cerré las cajas y escribí con un marcador permanente "LIBROS DONAR". Mientras hacía eso, le mandaba mensajes de texto a José contándole el desgarramiento que sentía, el dolor que me daba deshacerme de todos esos libros. Buscaba que me dijera algo que me convenciera de seguir abusando de la casa de mi hermana y quedarme con los libros. Y lo que me dijo fue algo así como "pero no los botes, dónalos".

Si, eso es lo que pensaba hacer...

domingo, 5 de abril de 2009

Justificándome, no sé por qué...

Cuando nos mudamos de Miami para Barcelona, me sorprendió la cantidad de gente que me pidió que la mantuviera al tanto de nuestras vidas, que mandara fotos, que no nos perdiéramos.

Ya sé que eso se le dice a cualquiera que se marcha, en general nos cuesta separarnos de la gente y de las cosas cuando sentimos que es para siempre. Por eso en cada despedida la gente te pregunta "¿cuándo te vas?" Y si le dices algo así como "dentro de una semana" la respuesta es invariablemente "ah bueno, pero nos podemos volver a ver" así fuera que en el tiempo que llevábamos ahí no nos hubiéramos visto más de tres o cuatro veces. Lo digo por experiencia, porque en los últimos diez años de mi vida (que son todos los años de mi vida matrimonial) nos hemos mudado DE PAIS siete veces. A pesar del corto tiempo que hemos permanecido en cada país hemos logrado formar amistades maravillosas y resistentes a la distancia. Gracias, especialmente, a la tecnología.

Pero, a pesar de todo eso, decía que me sorprendió la cantidad de gente que me pidió que mantuviera contacto. Si hasta Ana, la maravillosa costurera Colombiana que me arregló dos prendas de ropa (en tres años, o sea, no era una de sus mejores clientas por decirlo así) me insistió mucho en que le mandara fotos cuando recogí el vestido que me ajustó dos días antes de nuestra partida.

La verdad es que estoy segura de que el mérito de todas esas demostraciones de cariño no somos tanto mi esposo José ni yo, sino los tres maravillosos hijos que tenemos, que se ganan el corazón de la gente como en dos segundos. Manuel, el mayor, tiene cuatro años y es un payasito super dulce. Yolanda tiene dos años y 9 meses y es la ternura en pasta. Y Jorge tiene 18 meses y es un pícaro gozón, tremendo y juguetón. Además se da la circunstancia de que Yolanda tiene Síndrome de Down, y eso nos da la oportunidad de interactuar con gente con una sensibilidad especial, además de que de alguna manera, influye en cómo la gente nos percibe. Pareciera que el tener a Yolanda nos hace mejor personas. No digo que lo seamos, aunque creo que somos bastante buena gente, digo que así siento que nos ve la gente en general.

Volviendo al primer punto, esta larga diatriba sirve para justificar este blog para los demás. Para poder mantenerlos al tanto de nuestra vida y de los avatares del ajuste a esta nueva vida. Para no tener que escribir muchos e-mails contando lo mismo, sino enviar la dirección de este blog. Porque me lo sugirió mi esposo adorado cuando le comenté que no sabía cómo iba a hacer para echarle los cuentos a todo el mundo sin pasar el día pegada a la computadora. En fin, para ser más eficiente con el poco tiempo que tengo disponible.

Para mi, la justificación es la misma que para los demás bloggers y escritores de diarios en cualquier formato desde que se inventó la escritura: sacar de adentro un montón de cosas que se nos atascan en la cabeza para tratar de organizarlas y entenderlas. Y hacer catarsis.