jueves, 23 de abril de 2009

I love Barcelona

Tengo la impresión de que lo que este blog refleja es que estamos pasando mucho trabajo. O al menos así lo ha interpretado alguno que otro amigo y familiar. No digo que no sea así, la verdad es que no ha sido fácil y en algunos momentos de elevado estrés ha provocado serias discusiones en mi usualmente armónico matrimonio.

Pero que quede claro, hasta ahora toda la familia está encantada con Barcelona. Y hay que ver que, viniendo del paraíso terrenal que es Key Biscayne, la barra estaba muy alta. Y estoy hablando en términos de vida familiar con niños pequeños. No se pongan con eso de que en Miami no hay vida cultural (que además a mi parecer hay un respetable esfuerzo por generarla), porque una pareja con tres hijos menores de cinco años y sin red familiar de apoyo no le da el tiempo ni las fuerzas para ir al teatro.

Decía que nos encanta Barcelona, porque además de la maravillosa y sorprendente arquitectura que hay por todos lados (y no es sólo Gaudí), y de la cultura que se respira y que te encuentras por la calle, hay parquecitos infantiles por todos lados. Unos más grandes y sofisticados y otros pequeñitos y básicos.
Pero los hay y han sido la salvación para mis hijos en estos días de interminables diligencias administrativas. Cuando la espera en una oficina es muy larga, siempre podemos salir un momentico al parque de la esquina a botar energía. O cuando ya no aguantan más caminar o estar en el coche, hacemos una pausa de media hora en un parque antes de continuar la peregrinación burocrática.

Y los bares. No bares en el sentido latino a los que uno va de noche a tomarse unos tragos, sino los innumerables bares españoles donde tomarse un café y comerse unas pastas dulces (para los niños... claro) o unas tapas. Los bares son para nosotros lo que los parques son para los niños.

Por otro lado, el tema del catalán no ha sido tan fuerte como lo esperaba. Yo igual tengo todas las intenciones de aprenderlo lo más pronto posible, pero no lo he sentido como una barrera. En Vilanova, el pueblo donde vive la familia de José se siente más el idioma. Se escucha más en la calle y te atienden en catalán en las tiendas. Aquí no. Aquí hay muchos extranjeros y la mayoría de ellos no habla catalán.

Asi es que, aunque estemos pasando un poco de trabajo con las diligencias y los ajustes a esta cultura tan diferente (tema de próximo blog), estamos contentos y disfrutando de esta ciudad que no deja de darnos sorpresas a la vuelta de cada esquina.

lunes, 20 de abril de 2009

Sentirse como en casa... no tiene precio

No hay nada como la ineficiencia burocrática para sentirse en casa.

A nosotros los latinoamericanos nos hace falta un poco eso de tener que pasar trabajo para hacer un trámite. Después de tres años en Miami y uno y medio en Londres, había olvidado el placer de recorrer varias oficinas gubernamentales para hacer un trámite que siempre es en otra parte y para el que siempre te falta un papel.

Para que alguien pueda sacarle un provecho a este blog, desde ya ofrezco mis servicios como experta en los trámites necesarios para vivir en Cataluña. Y no cobro.

Como mencioné antes en alguna parte de este blog, he vivido en 7 países durante mi vida (iba a decir "corta vida" pero después de los cuarenta eso ya no aplica...). Y juro que nunca había tenido que hacer tantos trámites como en esta oportunidad.

Ya antes había mencionado lo del empadronamiento una vez que tuviera una dirección definitiva. Bueno, una vez empadronado hay que sacarse el NIE. No se ofendan, no es un insulto, es el Número de Identificación de Extranjeros (para mi que soy Suiza y no Española como el resto de mi familia) y eso hay que hacerlo en la Policía Nacional, no en la catalana ni en la barcelonesa, y no en cualquier oficina, sino depende de la nacionalidad que tengas. Una vez que logras descifrar el lugar y el horario, haces la cola y cuando presentas los papeles resulta que la planilla que bajaste de internet para tratar de ser más eficiente no es la correcta y cuando te dan la que es, sólo tiene una sección diferente a la que ya llenaste y encima, te dicen que no la tienes que llenar... Pero lo más absurdo viene cuando te dicen que tienes que pagar una tasa en el banco y cuando preguntas en qué banco te dicen que no saben, que tienes que preguntar... Y uno piensa "y eso no es lo que estoy haciendo?" E inmediatamente piensas "y esta mujer no hace esto todos los días? No debería saber?" Pero es que no le da la gana de perder el tiempo explicándote que los cinco bancos que hay en 5 cuadras a la redonda sólo reciben el pago de esa tasa los martes y los jueves de 8:30 a 10:30 am y que como ese día era viernes estabas jodido... A menos que tuvieras cuenta en uno de esos cinco bancos, entonces sí podias hacer el pago... Eso lo averigué yo recorriéndome los cinco bancos y lo chistoso es que yo me enteré de que necesitaba el NIE porque traté de abrir una cuenta en uno de esos bancos. Total, que José tuvo que venir en mi rescate a pagar la tasa, llegó media hora antes de que cerrara la oficina de la policía, pagamos y 15 minutos antes de que cerraran me dieron mi papel.

En tres días de diligencias intensas sólo hemos podido hacer esos dos trámites. Y no porque no hayamos tratado de hacer todos los demás sino porque por diferentes razones hemos rebotado en las demás oficinas y además porque todas cierran a las 2pm, cuando logras terminar un papeleo ya es muy tarde para ir a otra parte. También tengo que admitir que entre el desajuste horario que todavía nos dura y la logística de salir con los tres niños sin saber a qué hora vas a regresar a tu casa, no hemos logrado salir temprano ni una vez.

Total que todavía nos falta ir a la oficina de Seguridad Social a sacar la tarjeta sanitaria para podernos enfermar, a la oficina de atención ciudadana de la Generalitat de Cataluña para sacar el título de familia numerosa, a la oficina del trabajo para registrarnos como españoles retornados, a la oficina de Bienestar Social para registrar a Yolanda y le puedan dar los servicios de incapacidad, a la oficina de educación para ubicar a mis hijos en un colegio, a la oficina del Consorcio de Normalización Linguística para inscribirme en los cursos de catalán (porque lo normal es que uno hable catalán) y a la sede de la Fundación Catalana de Sindrome de Down para inscribirnos. Creo que no se me olvida ninguno...

Al paso de una diligencia por día todavía nos queda una semana intensa por delante. Sin contar con que al mismo tiempo hay que comprar sábanas, toallas, edredones, cestas de ropa sucia, etc., etc., etc.

lunes, 13 de abril de 2009

¡Adeu everybody!

Yo no se si en el largo plazo Manuel seguirá tan feliz como está ahora, pero verlo disfrutar de sus primos, de sus abuelos y de sus tíos como lo está haciendo es una delicia. Manuel era el que más me preocupaba con la mudanza. De nuestros tres hijos, es el único que se da cuenta... o por lo menos el único capaz de expresarlo.

Los primeros días después de la llegada, en Barcelona, no hacía sino preguntar que cuándo iba a empezar el colegio. Obviamente, estaba harto de nosotros y de sus hermanos. Pero luego descubrió Vilanova y el mundo de la familia. Toda la familia de José (papá y mamá, tres hermanos y una hermana con sus respectivas parejas e hijos, tíos, primos, hijos de los primos, etc.) viven en Vilanova, un pueblo de 50.000 habitantes a 40 minutos en tren de Barceona. La primera vez que fuimos a pasar el fin de semana se quedó cuatro días. Así de simple. Un tío lo invitó a dormir en su casa y al él le pareció estupendo. Al día siguiente, la abuela lo invitó a quedarse en su casa, aún mejor. La semana siguiente, el mismo tío nos fue a visitar en Barcelona y se lo llevó con él a Vilanova hasta el día siguiente. Dos días más tarde volvimos a Vilanova porque había fiestas varias el fin de semana. Total, que de las dos semanas que llevamos en Barcelona, Manuel ha pasado más tiempo en Vilanova que en Barcelona. Y él está flipando, como dicen aquí. Le encanta tener primos con quienes jugar. Le encanta la idea de poder jugar en la calle. Le encanta aún más poder quedarse a dormir en casa de alguien diferente cada vez. Disfruta mucho el tiempo que comparte con su abuela, y está descubriendo tíos muy cheveres.

Además, por alguna razón desconocida, se han organizado muchas reuniones familiares ultimamente. Primero, fue los huevitos de Pascua. Aqui tengo que aclarar que en España no se buscan los huevitos de Pascua como se hace en Venezuela o en Miami, así que ésta reunión la organizamos nosotros para que Manuel no lamentara tanto perderse los huevitos de Pascua de su colegio que eran tres días después de nuestra partida. Al dia siguiente había una cachapada (para los que no conocen el término, cachapa es como una panqueca de maíz que se come con queso blanco fresco. ¡Delicioso!). El fin de semana siguiente, los padrinos le entregaban la mona a sus ahijados (la mona es un ponqué o una figura de chocolate que todo padrino le regala a su ahijado para que se la coma al día siguiente. No me pregunten por qué el ahijado tiene que esperar hasta el día siguiente, pero eso me dijeron). Y la madrina de José organizó una repartidera de mona masiva, porque entre ella y su esposo tienen como ocho ahijados en la familia. Y al día siguiente hubo una fiesta de cumpleaños de una prima.

A todas estas, no sólo Manuel ha disfrutado un mundo, Yolanda y Jorge no se quedan atrás. Hay que aclarar que mis hijos heredaron todos la disposición al show business de mi abuela Cecilia (mi adorada abuelita trabajó toda su vida en radio y televisión y aún, con 95 años, hace cine, radio de vez en cuando, da entrevistas y no se pela la oportunidad de montar un show en cualquier fiesta). El hecho es que los tres se deben a su público y les encanta ser el centro de atención. Ni que decir tengo que en estas reuniones familiares, han tenido la mejor oportunidad de desplegar todos sus encantos. Y lo han hecho a cabalidad. Yolanda ha repartido besos y abrazos a diestra y siniestra y ahora le dio por exhibir su panza (una barriga muy grande que tiene) para que uno le haga cosquillas. Jorge anda en un estado de excitación pura constante. Corre por todos lados y grita "holaaaaaaa" a todo el mundo que se encuentra en el camino. Además, ha descubierto los trenes y cada vez que ve uno (a cada rato si contamos el metro, el tranvía y los trenes regionales) grita "¡teeeeeeeeen!" y saluda con las dos manos.

Ya Manuel empezó a usar las expresiones que usan sus primos. Ahora dice "que chuli" en vez de "que chévere" o "que cool" que usaba antes. Ya dice "vale" al final de algunas frases. Todavía dice muchas cosas en inglés, pero ya se dio cuenta de que no puede jugar en inglés como hacía en Miami, porque sus primos no lo entienden. Y el catalán aparece por ahí de vez en cuando.

Hoy cuando nos despedíamos de todo el mundo en la fiesta, Manuel gritó lleno de felicidad "¡Adeu everybody!"

domingo, 12 de abril de 2009

Ya tenemos apartamento… digo piso

No teníamos mucho tiempo para ver apartamentos. Cuando planificamos la llegada a Barcelona, alquilamos un apartamento de temporada por tres semanas pensando que ese era tiempo suficiente para encontrar algo. En realidad, la idea no era buscar mucho. Teníamos apuro por tener una dirección definitiva porque en este país no se puede hacer nada antes de estar empadronado, es decir, antes de registrarse con las autoridades municipales. Y para empadronarse hay que tener una dirección. Una vez empadronado, puedes inscribir a tus hijos en un colegio, registrarte en el sistema de salud, y especialmente importante, nosotros podremos registrar a nuestra hija Yolanda para que reciba la atención que necesita.

El hecho es que no calculamos que teníamos la Semana Santa en el medio. Y en este país, en Semana Santa no trabaja NADIE. No hay nada abierto, con excepción de algunos restaurantes. Así que vimos todo lo que pudimos ver entre lo que estaba disponible dentro de nuestro presupuesto en los días previos a la Semana Santa. Pero no puedo decir que hayamos visto mucho. La mayoría de los apartamentos que llamamos por anuncios en internet estaban ya alquilados, otros nunca respondieron el teléfono y en la mayoría de las fincas que fuimos (fincas inmobiliarias son las oficinas de agentes inmobiliarios) no había casi nada que nos sirviera.
Cuando llegué a Miami (primero escribí Estados Unidos, pero después lo cambié por Miami, porque no es lo mismo…) me sorprendió que todos los agentes inmobiliarios (o realtors) compartían la información de las propiedades disponibles. Hay una base de datos a las que los realtors tienen acceso y allí buscan lo que necesita el cliente. Si el cliente toma una propiedad que lleva otro realtor, se comparte la comisión. Por lo tanto, lo único que diferencia un realtor de otro es el servicio, no las propiedades que maneja. Al principio me pareció muy extraño, pero luego me di cuenta de que el que gana es el cliente. O en todo caso, esa es la teoría.

En España no funciona así. Cada finca inmobiliaria tiene su cartera y al cliente le toca ir de finca en finca busando lo que necesita. Se imaginarán que con los tres niños pequeños caminando por Barcelona no podíamos ponernos a buscar fincas. Nos parábamos en las que encontrábamos por el camino, pero ninguna nos sirvió de mucho. Lo bueno, es que desde el principio decidimos la zona en la que queríamos buscar y eso nos facilitó mucho la vida porque no fuimos de aquí para allá por toda Barcelona, sino que nos movimos por una zona relativamente pequeña.

Antes de mudarnos a Barcelona me parecía difícil que un apartamento de 100 metros tuviera 3 habitaciones. Cuando empezamos a buscar en internet no podía creer que anunciaran apartamentos de 60 metros con 3 habitaciones. Luego me di cuenta de que el estándard de 3 habitaciones era 80 metros. Requirió un trabajo psicológico arduo aceptarlo. Vimos uno de 108 metros y casi que firmo la oferta en el momento, si no es porque José me pidió que esperáramos. El alquiler era un poco alto y no incluía gastos de mantenimiento, que había que pagar por separado y además, el apartamento estaba completamente vacío por lo que había que hacer una inversión importante para equiparlo. Pero a mi me encantaba la ubicación y la distribución del apartamento.

Luego vimos otro que quedaba en un edificio maravilloso. Tenía piscina, parque infantil y cancha de basquet y además el alquiler estaba dentro del presupuesto y si incluía los gastos de mantenimiento. Aun no había entrado al apartamento y ya lo quería…aunque fuera de 80 metros. Pero luego entré en el apartamento y dejé de quererlo. Sentí claustrofobia al entrar, los muebles se amontonaban en la sala y el comedor y los cuartos eran mínúsculos y también estaban completamente cubiertos de muebles. Y se alquilaba amoblado…

Y entonces sucedió el milagro. Apareció en internet: 160 metros cuadrados, cuatro habitaciones y a tres cuadras de la playa… pero estaba amoblado. A estas alturas ya tenía miedo de los amoblados, había visto otro que tenía unos muebles con los que no se podía vivir, así que a estas alturas prefería amoblarlo yo. Pero sucedió el milagro de la conformidad. No los hubiera comprado, pero eran perfectamente vivibles. Y además, tenía muchas gavetas y mucho espacio para guardar cosas. Y ERAN 160 METOS CUADRADOS! Aun no hemos firmado el contrato, pero ya hicimos la reserva. Gracias a la Semana Santa, tenemos que esperar hasta la semana que viene para firmar.

miércoles, 8 de abril de 2009

La Primera Crisis

No tardó mucho en llegar. Empezó a asomar su fea cara durante la primera noche cuando me cai de la cama. No solo me cai de la cama, sino que me clavé en la espalda el coche de Jorge que estaba doblado en el piso entre la cama y la pared. Podrá parecer gracioso, pero lo que me causó fue una gran arrechera (digase “gran molestia“, para los no versados en la jerga vulgar venezolana).

A ver si me explico. Venimos de Miami, donde toooodo es graaaande, incluidos los espacios para vivir. Donde nuestro cuarto tenía una cama King y aun así sobraba un montón de espacio donde cabía cómodamente la cuna de Jorge, una mecedora, un escritorio grande con su silla, dos mesas de noche, una silla, un baúl antiguo y las cajas de compras mayameras que llegaban de parte de amigos y familiares que usaban mi dirección como shipping address. Llegamos a Barcelona, donde la suite (o sea, la habitación principal que tiene su propio baño) tiene espacio para una cama doble (no Queen, doble) y dos mesas de noche mínimas. La cama linda con la pared por tres de sus cuatro lados, y la distancia entre la cama y la pared por dos de sus lados es de aproximadamente 50cms. No, ya va, exagero, es de aproximadamente 30cms. El segundo cuarto es menos de la mitad del tamaño del cuarto de mis hijos en Miami, y el tercer cuarto, es del tamaño de mi closet mayamero.

Así que al día siguiente de la llegada a Barcelona me levanto con el doloroso recuerdo de la caida en mi espalda, decidida a vaciar las maletas para ver si encuentro algo que nos proteja del frío entre los cinco cambios de ropa de primavera-verano que trajimos. Para completar el mal humor que ya bullía dentro de mi cabeza (unido al comprensible cansancio y desajuste mío y de mis hijos -denme chance, estoy tratando de disculparme a mí misma-), se cumplió la amenaza del meteorólogo (o el méteo) y amaneció lloviendo. Y no es por justificarme todavía más, pero desde siempre, la lluvia me deprime.

Decía que me puse a vaciar las maletas. Aquí tengo que decir que el apartamento al que llegamos es muy lindo y está decorado con muy buen gusto, parece de revista… pero no tiene ni una sola gaveta (a excepción de dos en la cocina). Los closets, reducidos como es de esperarse, no tienen gavetas. Yo no se los demás, pero yo no puedo vivir sin organizar mis cosas en gavetas, así sea en cajas de zapatos. Una gaveta para mi ropa interior y otra para la de mi esposo. Una gaveta para mis medias y otra para las de mi esposo. Una para mis camisetas (franelas, remeras o como las llamen) y dos para las de mi esposo. Y así. Sin contar con que tenía un closet mínimo para José y para mi, y otro también mínimo para mis tres hijos.

Cuando vi todo el contenido de las maletas desparramado por el piso y el espacio que tenía para ponerlo, entré en crisis. A ver si me entienden, yo no estaba pensando solamente en lo que tenía allí frente a mí, sino en lo que venía por barco. Y no sólo en la ropa, sino en los juguetes. Por supuesto, que a la crisis no le faltó el componente de autocompasión y la dosis de arrepentimiento por haberme traído tantos juguetes… y tantos libros… y tantos CDs (por cierto que lo escribo y digo en mi mente “cidis”, tengo que acostumbrarme a decir cedés).
Pero tenía que resolver, así que tomé unas cestas muy lindas que estaban en los baños, donde estaban el secador de pelo y el papel toilet, y las convertí en las gavetas de mis hijos. Pero por favor, no vayan a imaginarse la actitud positiva ante la adversidad y la música de fondo triunfante, no no no no, todo esto lo hice con la autocompasión y el mal humor de aderezo.
Para completar, cuando finalmente terminé de apilar las cosas de cualquier manera en todos los closets, y hasta usé las maletas para guardar las cosas que no iban a ser de uso frecuente, llegó uno de mis cuñados con una bolsa llena de ropa de invierno para Yolanda que le mandaba mi suegra. En vez de recibirla con el agradecimiento que merecía, y en vez de sentir la felicidad que dá el tener familia que se preocupe por uno y salga al rescate cuando uno lo necesita, sólo lo vi como más ropa que apilar en los ya congestionados closets. Mi pobre cuñado salió regañado… maté al mensajero como dicen.

Estaba tan en crisis que ni siquiera quise hablar con mi cuñada querida cuando llamó a saludarnos y a darnos la bienvenida.

En mi defensa, debo decir que al final del día, la crisis había pasado. Uf! Menos mal, porque no creo que hubiera podido vivir conmigo misma en ese estado de insoportabilidad.

¿Que cómo lo superé? Bueno, aquí tengo como un lapsus, porque no recuerdo en qué momento me di cuenta de lo banal de mi preocupación. Eran sólo unas simples gavetas, y éste no era el apartamento en el que iba a vivir. Sólo tenía que asegurarme de que el apartamento que alquiláramos definitivamente tuviera una visión más práctica de la vida de una familia numerosa.

Eso, y el sacudón que me dio José. El pobre, no sólo no entendía mi crisis (al fin y al cabo, nosotros habíamos venido a Barcelona muchas veces y ambos sabíamos perfectamente a lo que veníamos) sino que tampoco podia vivir con tanta insoportabilidad (porque obviamente, la crisis trajo consigo peleas y frases desafortunadas). Y no se calaba que mis hijos se la tuvieran que calar. Así que me enfrentó y me lo dijo. Y también me recordó que estábamos juntos en esto y me dijo esta simple frase que me puso en perspectiva: “Nosotros somos la misma pareja que decidió tener a Yolanda”.

Esa noche, mi estatus en facebook fue “I’m happy again. I’m singing, just singing in the rain”.

Afuera en Barcelona seguía lloviendo.

martes, 7 de abril de 2009

Bienvenidos a Barcelona

Antes de empacar, José y yo decidimos llevar la menor cantidad de equipaje con nosotros, porque ya bastante complicado es viajar con tres niños pequeños. Así que apartamos ropa para cinco días para los cinco y dejamos dos maletas grandes y una pequeña de mano. El resto de la ropa y las demás maletas se fueron con la mudanza por barco. Con eso íbamos a vivir las cinco semanas que, en teoría, tarda la mudanza en llegar a Barcelona. El problema fue que a la ropa para cinco días se le añadió ropa que yo me compré antes de irme, ropa que José se compró, una bolsa de ropa que le regalaron a Yolanda, todos los equipos de audio, fotografía y video de José y cualquier otra cosa que se nos hubiera olvidado mandar con la mudanza. Total, que llegamos al aeropuerto con las dos maletas a reventar, la maleta pequeña de mano y un morral de excursionismo que supuestamente se quedaba en Miami. Las dos maletas tenían un sobrepeso de 30 libras una y de 20 libras la otra... como teníamos derecho a ocho maletas terminamos comprando dos bolsos grandes para balancear el peso. Así que ahí estábamos, en las taquillas de check in que están casi en la calle del aeropuerto, pasando calor, vaciando maletas de cualquier manera para no tener que pagar el monto absurdo que nos querían cobrar por exceso de equipaje.

El viaje a Barcelona desde Miami fue menos malo de lo que esperaba. Fue un vuelo nocturno y los niños durmieron casi todo el vuelo a Madrid. Yo llevaba a Jorge, el más pequeño, en las piernas, y como se movía a cada rato, no logré dormir ni un poquito. Lo bueno fue que el avión tenía pantallas individuales y una selección variada de películas bastante recientes. Por supuesto, yo no había visto ninguna (con tres hijos pequeños, sin ayuda en la casa ni familia cerca, el cine -o cualquier otra salida nocturna- no ha sido una actividad frecuente en mi casa durante los últimos cuatro años). Así que disfruté viendo películas… y jugando Tetris. Yo tenía como 20 años que no jugaba Tetris!

De todas maneras, después de 8 horas de vuelo a Madrid, tres de espera en Madrid y otra de vuelo de Madrid a Barcelona, estábamos todos agotados.

En el aeropuerto nos esperaban mis suegros y dos de mis cuñados. Mi suegra quiso tomarnos fotos cuando salíamos de recoger las maletas y se presentó un guardia de seguridad del aeropuerto y la hizo borrar las fotos que había tomado. Gran escena entre el guardia y uno de mis cuñados porque no había ninguna indicación de que no estaba permitido tomar fotos! Como dicen los españoles, mi cuñado se cabreó! Para nada, porque mi esposo hizo como que las borraba pero no borró nada. Así mi suegra pudo conservar el recuerdo del momento exacto de la llegada del último hijo que faltaba por mudarse a Barcelona.

Ni mi suegro ni mis cuñados conocían la zona de Barcelona donde decidimos quedarnos, por lo que dimos mil vueltas buscando la dirección. Cuando finalmente llegamos, la dueña del apartamento tardó cerca de quince minutos en bajar. Y nosotros parados en ese frío… porque aunque se supone que ya es primavera, Barcelona nos recibó con un frío invernal para el que no estábamos preparados. Y no estoy hablando sólo de la preparación psicológica que hubiera requerido pasar del delicioso sol de primavera de Miami al invierno Barcelonés, sino a los abrigos que hemos debido traer en las maletas, en vez de enviarlos en las cajas por barco con el resto de la mudanza. Gracias a mi suegra que salió al rescate y trajo abrigos para mis tres hijos.

Y no sólo abrigos, mi suegra se presentó también con una comida completa que nos alimentó a todos. Digo, nos alimentamos cuando finalmente pudimos entrar al apartamento, porque cuando bajó la dueña no pudimos pasar porque a mi esposo se le había olvidado que había que pagar el alquiler completo al llegar. Tuvimos que esperar hasta que José regresó del cajero automático con el dinero del alquiler y el de la fianza. Yo no lo podía creer, ahí estábamos pasando frío con mis tres hjos pequeños, muertos de sueño y de hambre y la señora no nos quiso dejar pasar para esperar a mi esposo adentro porque las reglas eran las reglas. Había que pagar antes de entrar.

Bienvenidos a Barcelona.

domingo, 5 de abril de 2009

Justificándome, no sé por qué...

Cuando nos mudamos de Miami para Barcelona, me sorprendió la cantidad de gente que me pidió que la mantuviera al tanto de nuestras vidas, que mandara fotos, que no nos perdiéramos.

Ya sé que eso se le dice a cualquiera que se marcha, en general nos cuesta separarnos de la gente y de las cosas cuando sentimos que es para siempre. Por eso en cada despedida la gente te pregunta "¿cuándo te vas?" Y si le dices algo así como "dentro de una semana" la respuesta es invariablemente "ah bueno, pero nos podemos volver a ver" así fuera que en el tiempo que llevábamos ahí no nos hubiéramos visto más de tres o cuatro veces. Lo digo por experiencia, porque en los últimos diez años de mi vida (que son todos los años de mi vida matrimonial) nos hemos mudado DE PAIS siete veces. A pesar del corto tiempo que hemos permanecido en cada país hemos logrado formar amistades maravillosas y resistentes a la distancia. Gracias, especialmente, a la tecnología.

Pero, a pesar de todo eso, decía que me sorprendió la cantidad de gente que me pidió que mantuviera contacto. Si hasta Ana, la maravillosa costurera Colombiana que me arregló dos prendas de ropa (en tres años, o sea, no era una de sus mejores clientas por decirlo así) me insistió mucho en que le mandara fotos cuando recogí el vestido que me ajustó dos días antes de nuestra partida.

La verdad es que estoy segura de que el mérito de todas esas demostraciones de cariño no somos tanto mi esposo José ni yo, sino los tres maravillosos hijos que tenemos, que se ganan el corazón de la gente como en dos segundos. Manuel, el mayor, tiene cuatro años y es un payasito super dulce. Yolanda tiene dos años y 9 meses y es la ternura en pasta. Y Jorge tiene 18 meses y es un pícaro gozón, tremendo y juguetón. Además se da la circunstancia de que Yolanda tiene Síndrome de Down, y eso nos da la oportunidad de interactuar con gente con una sensibilidad especial, además de que de alguna manera, influye en cómo la gente nos percibe. Pareciera que el tener a Yolanda nos hace mejor personas. No digo que lo seamos, aunque creo que somos bastante buena gente, digo que así siento que nos ve la gente en general.

Volviendo al primer punto, esta larga diatriba sirve para justificar este blog para los demás. Para poder mantenerlos al tanto de nuestra vida y de los avatares del ajuste a esta nueva vida. Para no tener que escribir muchos e-mails contando lo mismo, sino enviar la dirección de este blog. Porque me lo sugirió mi esposo adorado cuando le comenté que no sabía cómo iba a hacer para echarle los cuentos a todo el mundo sin pasar el día pegada a la computadora. En fin, para ser más eficiente con el poco tiempo que tengo disponible.

Para mi, la justificación es la misma que para los demás bloggers y escritores de diarios en cualquier formato desde que se inventó la escritura: sacar de adentro un montón de cosas que se nos atascan en la cabeza para tratar de organizarlas y entenderlas. Y hacer catarsis.